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¿Cuál es el código de vestimenta adecuado para trabajar en la hostelería?

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Imaginad que vais a abrir una cuenta en el banco y contáis con dos opciones de entidades distintas: en el primer banco os atienden en bermudas, camiseta y chanclas, mientras que en el segundo lo hacen con chaqueta y corbata. A igualdad de condiciones (comisiones, cobros por servicios…), ¿en cuál de las dos confiaríais para depositar vuestro dinero?

Traslademos este ejemplo ficticio a uno de los sectores principales que requieren de la atención directa al cliente: los restaurantes. Situándonos en el mismo punto de inicio, la ropa que se debe o no llevar y partiendo de unos mínimos establecidos de higiene, entramos en el debate de hasta dónde es libre el trabajador de mostrar su estilo o cuál es el límite en cuanto a body custom, tatuajes o piercings.

Este tema es cada vez más controvertido, sobre todo en aquellos locales en los que no se exige un uniforme en concreto. Igualmente, la discusión va en aumento si se trata de qué tipo de piercings o tatuajes, en qué partes del cuerpo pueden mostrarse o cuáles serían los tamaños máximos de estos complementos que se permiten para considerar a un candidato apto para el puesto o no.

La política de vestimenta de Starbucks

Recientemente, ha sido noticia la nueva política de vestimenta de Starbucks. En primer lugar, hay que tener en cuenta que los establecimientos de esta cadena tienen como única pieza del uniforme oficial, el ya famoso delantal verde y que, por eso, las imposiciones provienen de qué prendas pueden vestir los camareros bajo dicho delantal.

En esta línea, se “invita” a los empleados a que mantengan su toque personal aunque limitados, entre otros, por colores neutros de vestimenta, la permisividad de ciertos modelos de sombreros entre los que no se incluye la clásica gorra de béisbol hacia atrás, las sudaderas con capucha o llevar el pelo teñido de un color exageradamente llamativo como el rosa o el neón.

En suma, estas empresas pretenden que los empleados den una imagen pulcra y profesional de cara al público, exigiéndoles que vistan con ropa limpia, en buen estado y sin arrugas, pero que, a la vez, les permita ser ellos mismos y realizarse como individuos gracias a su aspecto externo.

Derechos y deberes de quien lleva uniforme

Lo cierto es que en nuestro país se siguen unas directrices en función del sector y del empleo: a nadie le extraña que las fuerzas de seguridad vistan con uniforme y, del mismo modo, las empresas de servicios suelen uniformar a sus empleados exigiéndoles cierto decoro cuando estén en horas laborales y, por tanto, vistiendo la marca que les emplea.

Lo difícil es dilucidar hasta dónde puede la empresa exigir que sus empleados que sigan unas ciertas normas y si estas quedan resueltas con el plus que se les suele asignar como complemento salarial.

También es habitual que en ciertas profesiones, aquellas que dan un servicio, se exija una forma de vestir concreta. No es extraño ver que un comercial acuda a su trabajo con chaqueta y corbata, al igual que ocurre en el mundo de la consultoría y en las oficinas, más cuando los cargos son superiores.

En estos casos, aunque no se especifica en el contrato, el empleado sabe que esa manera de vestir va con el cargo y, si bien la moda de los últimos años está permitiendo atuendos más “relajados”, no es menos cierto que cuando llega un día importante todos visten con traje de negocios. El casual day se reserva para el último de la semana, el viernes, día en el que se admite que los estresados ejecutivos se quiten la corbata y puedan acudir a la oficina en vaqueros y camisa.

El problema viene cuando las exigencias de vestuario para los trabajadores exceden lo que se podría considerar decoroso o cuando estas se convierten en denigrantes para el trabajador, obligándole a vestir determinadas prendas o de determinada manera.

Este hecho es común en el mundo de la hostelería, en el que, en muchos casos, se exige a camareras que vistan con faldas cortas o que exhiban escotes generosos para atraer a la clientela, y esto es algo que se puede comprobar desde los propios anuncios en los que se ofertan dichos puestos. No son pocos los casos de ofertas en las que se piden condiciones que rozan la ilegalidad, dados a conocer por los medios de comunicación.

El reciente premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, cantaba aquello de que “los tiempos están cambiando” y, por suerte, este cambio también está llegando a la forma de vestir en el trabajo.

Cada vez más se valoran las cualidades y la preparación de los trabajadores, algo que está por encima del “envoltorio” que esconde la vestimenta. De hecho, ya no se exige que ellas vayan maquilladas, ni que ellos calcen los mejores zapatos italianos; ahora se fomenta que los trabajadores vayan cómodos, porque son conocedores de que, de esta manera, se fomenta su creatividad y productividad.

Sobre el autor

Redacción

Artículo realizado por el equipo de redacción de DiegoCoquillat.com. Cuenta con profesionales tanto en el terreno de la hostelería, gastronomía y turismo, como en de las nuevas tecnologías e innovación.

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2 comentarios

  1. Un tema que también hay que tener en cuenta es el perfume que se ponen los camareros que en ocasiones es demasiado fuerte. Eso perjudica, en mi opinión, al olor del plato, dei vino, etc…

    • Jose Berenguer
      Jose Berenguer on

      Hola Vicente. Gracias por dejar tu comentario en este post. Lo cierto, es que no puedes tener más razón. Si bien este contenido se centra mucho en la imagen del trabajador, es cierto que el perfume u olor tanto de los camareros, como de la propia sala es un componente muy importante para la experiencia gastronómica. No puedo estar más de acuerdo con tu comentario. Gracias por seguirnos!

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