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Los recipientes comestibles, lo último en envases reciclables para restaurantes

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Hoy en día, encontrar formas para reducir el impacto que la actividad humana tiene en el medio ambiente es uno de los objetivos más perseguidos en todos los ámbitos de actuación del ser humano. La sostenibilidad ha pasado en muchos casos a ser exigencia de los gobiernos, que ven cómo los estilos de vida de la sociedad actual son incompatibles con la existencia y regeneración de los recursos naturales del planeta.

Este es el caso de la ciudad de Fort Bragg, en California, donde el equipo de gobierno ha decretado la prohibición del uso del lavaplatos y la sustitución de la vajilla por un material algo menos frecuente de ver en los restaurantes. La localidad californiana vive una época de alarmante sequía, por lo que la medida, en vigor desde el 30 de septiembre del pasado año, establecía en un principio la obligación de sustituir la cristalería y la porcelana por platos, vasos y cubiertos desechables.

Digo “en un principio” porque, como era de esperar, la prohibición trajo consigo polémica y las quejas del sector hostelero. Todos los focos de alerta estaban puestos en el impacto que tendría sobre el turismo, apuntado por la mayoría de propietarios de los establecimientos como el mayor perjudicado. Joseph Harris, dueño de Cucina Verona aseguraba que “cuando se sirve un vino de 50 dólares la botella en vasos de plástico, los clientes no se quejan. Muchos son muy comprensivos, pero pueden no querer volver a repetirlo”.

Por su parte, Jim Hurst, copropietario de Silvers at the Wharf y Point Noyo Restaurant and Bar, declaraba al San Francisco Chronicle que “quizás se pueda cortar un filet mignon con un cuchillo de plástico, pero no un New York. El impacto [para el turismo] va a ser terrible”.

Envases compostables para restaurantes

Tras dos semanas en vigor, empezaron a llegar los primeros problemas, por lo que se cambió el estricto lenguaje de la ley por uno más suavizado en el que el requerimiento de usar este tipo de vajilla pasó a ser una recomendación, mientras que el término “desechable” se sustituyó por “compostable”.

Hay que señalar la gran diferencia entre los términos “desechable” y “compostable”, puesto que mientras la primera se refiere a materiales de usar y tirar pero no necesariamente biodegradables, la segunda hace referencia a aquellos que se descomponen en un breve plazo de tiempo sin dejar residuos visibles ni tóxicos.

Y es que el problema de una medida de emergencia como la tomada en Fort Bragg era que se reducía el consumo de agua pero, en cambio, aumentaba considerablemente la acumulación de basura a base de plásticos no biodegradables.

Envases comestibles para restaurantes

Precisamente esto último es lo que parece que pensaron los propietarios de Do Eat a la hora de inspirarse en la creación de su producto. Esta empresa danesa ha fabricado una vajilla totalmente comestible hecha a base de fécula de patata. La idea es de Thibaut Gilquin y Hélène Hoyois, dos jóvenes que se definen como comedores de papel –no sabemos si lo dicen literalmente o si se refieren al papel comestible que ofrecen- y cuyo objetivo al montar este negocio en el año 2013 estaba claro: comerse los platos. Su mayor deseo, aseguran en su presentación, es concienciar al personal de la necesidad de un cambio en materia medioambiental y de formación de residuos.

En su página web animan a utilizarlos en fiestas caseras para sorprender a los invitados pero su uso puede ir mucho más allá y ser utilizado en restaurantes como un aliciente más. El producto se vende en packs de 25 unidades al precio de 14,95 euros y está disponible en cuatro modelos que se ajustan a lo queramos depositar en ellos: Le lotus, La cuillère, La pirogue y La tulipe. Y si somos más del do-it-yourself tenemos la última creación de la marca, un recipiente que cada uno puede armar en su casa con un poco de agua y una esponja natural.

Hasta la fecha en la que se realizó este artículo, los números que lucen en su web llegan a los 312.000 envases vendidos y un ahorro de residuos en torno a los 1.680 kg, lo que se traduce para el equipo de Do Eat en 2.452 tardes de éxito.

Quizás no estemos tan lejos de llegar al punto de comernos, literalmente, los platos. Desde luego que como método para acumular menores cantidades de desechos y facilitarle así un poco las cosas al medio ambiente, la idea es un 10. Y tú, ¿te imaginas comiendo tus nachos con queso o tu ensalada y, además, su envase?

Sobre el autor

Marta Reñones

Graduada en Periodismo. Escritora habitual, siempre en busca de nuevas historias y anécdotas que contar. Enamorada de las nuevas tecnologías, las redes sociales y todo lo que sea innovador. Es feliz teniendo a mano un ordenador, un poco de rock y un buen partido de balonmano.

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