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Menús con pictogramas adaptados a personas con autismo

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En los últimos años se han puesto en marcha cientos de iniciativas por todo el mundo con el objetivo de integrar a personas que padecen esta enfermedad y hacer que, tanto ellos como sus familias, puedan disfrutar de una velada normal.

El autismo es una enfermedad que afecta a más población de la que podemos imaginar, pues 1 de cada 68 personas la padece. Está encuadrada dentro de un grupo de trastornos a los que se denomina Trastornos del Espectro Autista (TEA). No es una tarea fácil para el que la vive de cerca ya que acciones cotidianas como ir al cine, hacer la compra o estar en la escuela puede resultar extremadamente complicado.

También es un examen difícil de superar el salir a cenar fuera con un niño autista porque su comportamiento es imposible de prever; y es que son personas con grandes dificultades para comunicarse y para relacionarse; además, a la mayoría les molesta el ruido y tienen tendencia a alterarse con facilidad.

Es por esto que un gran número de restaurantes en todo el planeta ya han tomado nota y se han puesto manos a la obra para no discriminar a los enfermos de autismo en sus instalaciones, ofreciéndoles un trato acorde a sus necesidades. Sin ir más lejos, varias ciudades españolas como Lugo o Pamplona han aportado su granito de arena a una causa que pocos tienen en cuenta. ¿En qué se ha basado su iniciativa? En adaptar los menús con pictogramas para que los autistas sean capaces pedir su comida. Resulta tan sencillo para los restaurantes tener una carta especial con dibujos y fotos que parece mentira que solo muy pocos la ofrezcan.

Menús con pictogramas

De hecho solo se necesita velcro, papel y algunas fotografías reales -que se utilizan cuando el plato resulta difícil de explicar con pinturas-. Así los más pequeños, además de valerse por sí mismos, se divierten mientras realizan su comanda. En este vídeo una madre de dos niños autistas nos muestra cómo hacerlo:

El Autismo en los restaurantes españoles

Lo triste es que familias como esta tengan que llevar de casa las cartas con los distintos menús para que sus hijos puedan elegir lo que comer; y todo porque las grandes multinacionales no lo hacen. Sin ir más lejos, en España casi se cuentan con los dedos los lugares que la ofrecen: únicamente 8 restaurantes en Pamplona ayudan a los más de 350 jóvenes navarros con TEA: El Txoko, La cocina de Álex Múgica, El Momento, La mandarra de la Ramos, El Kiosko, DeBoca, Erretegia y Doce Píos.

Otra de las pocas provincias en las que encontramos este tipo de iniciativas es Lugo. Allí, desde el pasado mes de julio, 26 negocios ponen a disposición de sus comensales cartas adaptadas con pictogramas. El colectivo Capaces no cesa en su empeño por aumentar este número e invita a todo el que quiera a participar sin coste alguno.

Cartas especiales para autistas

Iniciativas que ayudan a los enfermos y sus familias

Inmersos en un siglo tan avanzado en materia de tecnología, cabe destacar la existencia de una aplicación que facilita la búsqueda de establecimientos en los que los autistas se sentirán como en casa. Disponible para smartphones y tablets, Autism Village fue desarrollada por un padre que se percataba de la gran cantidad de cosas que su hijo se estaba perdiendo al no encontrarse integrado en la sociedad.

No es que esta app subsane el problema existente sino que, a modo de TripAdvisor, señala aquellos restaurantes, sitios de ocio y otros lugares públicos que los propios ciudadanos recomiendan desde la experiencia vivida en primera persona: trato recibido por parte de los trabajadores, detalles cuidados como la existencia de menús especiales o la ausencia de ruidos fuertes y luces muy brillantes.

En Massachusetts, Estados Unidos, un restaurante puso en marcha la actividad “Autism-Friendly Family Meal”. Coincidiendo con la celebración de Acción de Gracias, en 2014, la cadena Not Your Average Joe´s (NYA) decidió invitar a comer a una familia que tuviera algún miembro autista. A través de una página de Facebook cualquiera que reuniera los requisitos podía inscribirse y, tras una dura selección, se eligió a los primeros comensales. Tal fue el éxito que la excepción se ha convertido en algo habitual en NYA.

Los niños y sus acompañantes se muestran encantados al disponer de una atmósfera totalmente propicia: el personal se ha entrenado para tratar con enfermos de autismo y saber qué hacer en determinadas situaciones, el ruido es mínimo porque la comida tiene lugar en el momento de menos afluencia y se ofrece un menú libre de gluten.

El cine adaptado a niños autistas también es una realidad, aunque poco común, en diversos puntos de la geografía mundial. El último ha sido nuestro país, concretamente L´Hospitalet, en donde Aprenem -una asociación para la inclusión de personas con TEA- reservó dos salas de cine para que los pequeños con este trastorno pudieran ver una película de dibujos con total normalidad. Se creó un entorno apropiado para ellos: volumen bajo, luces tenues y la posibilidad de estar acompañados por sus progenitores.

Los padres estaban encantados de sociabilizar a sus hijos y satisfechos porque estos se podían mostrar tal y como son. Sin embargo, la falta de costumbre provocó que muchos no aguantaran ni 10 minutos sentados y que los que lo hicieron estuvieran más pendientes de lo que sucedía alrededor que de la propia película.

La incomprensión sigue siendo el punto débil

Existe aún mucho desconocimiento y falta de información sobre el autismo. Tanto es así que la mayoría de los ciudadanos no sabemos cómo enfrentarnos a ello cuando nos afecta. Sin ir más lejos, un comensal irrespetuoso con un camarero autista fue expulsado del restaurante y se le prohibió la entrada de por vida. Sucedió en Little Italy, Alaska, después de que el segundo se equivocara al servir la comanda y el primero perdiera los papeles, insultando y menospreciando aún a pesar de conocer el problema del trabajador.

El hecho de despedir a este cliente ha sido aplaudido en todo el mundo, pues en pocas horas esta historia se hizo viral. Como también ocurrió, aunque por todo contrario, con una mesera del restaurante Chili´s -en Utah- cuando Arianna -una niña con autismo- pidió una hamburguesa con queso y no fue lo que ella esperaba.

Esa cadena tiene la costumbre de cortar las hamburguesas por la mitad para que se cocinen mejor por lo que la niña, al verla partida, comenzó a llorar. Fue entonces cuando la camarera le pidió perdón por haberle dado una hamburguesa “rota” y le dijo que se la cambiarían por otra. Fue tan mágico para Arianna que antes de probar la nueva hamburguesa le dio un beso de lo más sincero.

En los restaurantes, como vemos, todo puede pasar: desde situaciones embarazosas que nos avergüenzan hasta bellas historias que nos conmueven. Aunque más para lo bueno que para lo malo, ya que pueden presumir de ser uno de los negocios que más apuesta por la integración social de los enfermos con TEA: menús especiales en su honor, cartas con pictogramas que facilitan la decisión de los pequeños y personal entrenado para tratar con ellos y atender sus peticiones. No es difícil, simplemente es cuestión de ponerse en la piel de los demás y pensar como ellos lo harían.

Sobre el autor

Jennifer Rey

Graduada en Periodismo por la Universidad de Valladolid aunque es de Fabero (León). Trabajando desde hace muchos años en el sector de la hostelería. Futura experta en Periodismo Gastronómico y todo lo relacionado con los restaurantes, un mundo que la tiene fascinada. Sus otras pasiones: el rock y los deportes.

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