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Top Chef ¿espectáculo o promoción de la gastronomía?

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Con la cuarta temporada de Top Chef a punto de terminar, nos vemos en la tesitura de volver a plantearnos el efecto que este tipo de programas está provocando tanto en el público como en el sector de la hostelería. Y, todo hay que decirlo, hay opiniones para todos los gustos y sabores. Desde hace ya unos años hemos ido viendo a proyectos de cocineros y chefs expertos, de diversas edades y orígenes en nuestras pantallas y, evidentemente, algún efecto han provocado en la visión de la gastronomía y la relación del público con ella.

Ahora, aunque no lo hayamos utilizado, muchos conocemos ingredientes como el Agar-agar o la cocina con nitrógeno; hemos visto prepararse varios pollos en pepitoria y hemos viajado con la cocina fusión, como es el caso de la gastronomía peruano-japonesa de Nikkei. Un lenguaje que empezaba a quedar relegado a madres y abuelas se ha extendido a toda la sociedad gracias a estos programas.

Pero, ¿se ha quedado todo ahí? Conocemos nuevos términos, nuevas técnicas y la enorme labor del equipo de cocina de los restaurantes, pero ¿nos estamos rindiendo al mismo espectáculo de siempre, solo que esta vez la acción se sitúa entre sartenes?

¿Un show o una buena promoción de la gastronomía?

La crítica está servida y mientras que, por un lado, encontramos a quienes únicamente ven el arte culinario convertido en otro gran show; por el otro también existen aquellos que apoyan este resurgimiento del duro trabajo tras los fogones en la pequeña pantalla. La Real Academia de Gastronomía firmaba unas declaraciones el pasado agosto donde apoyaban estos programas (Top Chef, MasterChef y MasterChef Junior) como forma de promoción de este oficio.

Rafael Ansón, presidente de esta asociación, afirmaba en La Opinión de Coruña, que “los medios de comunicación reflejan lo que quiere la gente y ahora la gente quiere saber de gastronomía”. Además, Ansón está convencido de que estos programas están haciendo que lo que antes era “para unos pocos”, ahora se convierta en “un arte solidario, sostenible y satisfactorio”.

Por otro lado, diferentes artículos surgidos a lo largo de estos años de vida de la gastronomía televisiva describen este fenómeno como una nueva forma de generar controversias y audiencia. Los roles estereotipados de los concursantes y las pruebas más propias del Gran Prix que de un concurso de cocina, como decía Marta Miranda en El Comidista, así como los largos minutos dedicados a publicidad, llevan a pensar que los share y la polémica son la prioridad. O lo que es lo mismo, que más allá de los platos o platazos que se lleven a cabo en el programa, the show must go on.

Lo que es innegable es que, más allá de todo esto, estos chefs televisivos están democratizando la cocina y, al mismo tiempo, revalorizándola. Porque lo que antes quedaba relegado a las horas matinales, ahora ocupa el prime time, y eso quiere decir algo. El haber metido las cámaras en un espacio tan reservado como son las cocinas tiene una doble función y efecto: por un lado el público sabe más y, en consecuencia, pide más. Y a la restauración lo que le corresponde es ser capaz de dárselo.

Un público especializado en restaurantes y gastronomía

Al democratizar el conocimiento sobre las luces y las sombras de un servicio de comidas en restaurantes u hoteles, el cliente se vuelve extraordinariamente exigente. Alberto Chicote nos descubría grasientos hornos y planchas en su “Pesadilla en la cocina” y TripAdvisor nos relata las experiencias de gente de a pie que, como nosotros, quiere disfrutar de la buena gastronomía. Ahora ya no todo vale y eso es inevitablemente bueno. Porque en un país como el nuestro, con una gastronomía tan característica y con tantas recetas reconocidas internacionalmente, la crítica es necesaria y constructiva.

Ahora el consumidor es un crítico culinario más y hay que estar muy pendiente para poder satisfacerle. Los restaurantes y hoteles deben actualizarse y estar al día en las últimas tendencias y cuidar el servicio porque ahora las puertas del establecimiento son digitales.

El prestigio digital es sumamente relevante, y es que los locales están a juicio día sí día también. La aparición de estos programas ha promovido la segmentación de una clientela que antes estaba a merced de las recomendaciones de amigos o transeúntes. Ahora saben lo que quieren y van a por ello, y si no lo encuentran a su gusto, lo comunicarán.

Realmente no sabemos qué fue antes, si el huevo o la gallina. Estos espectáculos culinarios de la televisión pueden haber surgido a demanda de un público más especializado y conocedor de sus gustos y posibilidades gastronómicas, o puede haber sido al contrario. Lo que está claro es que es un fenómeno que se retroalimenta. Por ese motivo, mientras sigan existiendo Top Chef, Masterchef y un cada vez más largo etcétera de shows de cocina, seguiremos hablando de ello y, por ese motivo, la gastronomía no dejará de innovar y mejorar.

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Sobre el autor

Alba Lúa

Graduada en Periodismo en 2013, momento desde el que no he parado de curiosear entre letras e imágenes, retratando momentos y experiencias con palabras y todo tipo de objetivos. Estoy en la eterna disyuntiva entre una imagen y mil palabras. Adicta a los viajes y amante de la buena comida, podéis leerme en Contando Kilómetros Blog o encontrarme investigando usos de las Nuevas Tecnologías.

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