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Comer solo podría ser la norma en los restaurantes del futuro

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El fenómeno es bien conocido en Japón. Allí los jóvenes que quedan aislados son llamados hikikomori. En la mayoría de casos se trata de personas normales que prefieren destinar el escasísimo tiempo de ocio que su trabajo les permite para dedicarse a ellos mismos. Esto va en detrimento de socializar, y así es como el comportamiento ha sido estigmatizado, pues en cierta forma afecta negativamente a la crisis demográfica del país.

El fenómeno ha traspasado ahora las fronteras del país nipón. En EE. UU., donde los millennials se ven obligados a desempeñar dos o incluso tres trabajos para igualar el poder adquisitivo que tuvieron sus padres, muchos viven para trabajar y regresan a su casa solo para recuperarse antes de comenzar la siguiente jornada.

En España también hay una crisis de soledad. Si bien esta es más evidente entre nuestros mayores debido al envejecimiento del país, cada vez se registran más casos de aislamiento social agudo en las generaciones más jóvenes.

No tiene por qué tratarse de un hecho inherentemente dañino para las personas. Es más, se puede considerar simple y llanamente como un cambio en las costumbres para adaptarse a las circunstancias que nos plantea la sociedad moderna.

Así pues, cabe preguntarse qué tendencias de consumo pueden emerger si el número de jóvenes que viven en soledad continúa en aumento.

Esta pregunta ya se la han hecho algunos profesionales del sector. Los restauradores de Irlanda han comenzado a percibir un cambio en sus salones: el número de comensales sin acompañante que asisten a los establecimientos aumenta progresivamente.

Tradicionalmente el restaurador se había preocupado por configurar su salón de forma que pudiera alojar a las parejas y familias que reservasen mesa. Lo más normal en estos casos es que las mesas contasen con dos o cuatro asientos, y que en caso de banquete este mobiliario pudiera ser reorganizado de forma sencilla para dar lugar a grandes mesas corridas donde todos puedan festejar unidos.

Sin embargo esta disposición no funciona bien cuando los comensales sin acompañante son la norma. En este caso las mesas destinadas a dos clientes quedan medio vacías, y lo peor es que resulta imposible llenar el espacio desaprovechado sin incurrir en un daño inaceptable para la experiencia de usuario del comensal solitario; nadie quiere que le arruinen la tranquilidad de la hora de comer sentando a un completo desconocido a su misma.

Todavía es desconocida la incidencia real de los comensales sin acompañante en los restaurantes irlandeses. La cohorte de personas que componen este heterogéneo grupo suelen aparecer por el restaurante sin reserva. Así, los datos que se pueden extraer de plataformas de gestión de reservas como OpenTable o similares no son del todo fiables, pues no representan con fidelidad la estampa que se da actualmente en los restaurantes de Irlanda.

Pero si la tendencia a visitar los restaurantes por nuestra propia cuenta, sin ir acompañados, se torna en una realidad, es necesario adelantarse para sacar el máximo aprendizaje de este nuevo comportamiento de consumo. Así, los restauradores del país se hallan en una encrucijada de la que no pueden salir con facilidad: ¿cambian el mobiliario de sus comedores o esperan a que haya más información disponible antes de tomar una decisión?

La solución que han adoptado algunos restauradores es implementar las adaptaciones más simples y sencillas primero.

Así lo ha hecho Elaine Murphy, una de las restauradoras más importantes en Dublín, que cuenta con numerosos locales entre los cuales cabe citar The Wooden Mills, Legal Eagle y Winding Stair, todos ellos frecuentados a menudo por clientes que asisten sin acompañantes.

Para mejorar el servicio que se presta a esta clase de clientela lo primero y más importante es normalizar la situación. Todavía hay muchas connotaciones negativas que se asocian a aquellas personas que por uno u otro motivo viven en soledad. La filosofía de Elaine en este sentido es hacer que los comensales sin acompañante se sientan bienvenidos y aceptados. La propietaria de estos negocios recuerda que en muchas ocasiones son hombres de negocios, viajeros o trabajadores desplazados.

La formación que se da al servicio no es lo único que ha cambiado. La carta con la que normalmente recibían a los comensales ofrece ahora toda una selección de vinos personalizada y la opción de pedir media ración en aquellos ítems que estaban pensados inicialmente para compartirse entre las personas sentadas en la misma mesa.

Una última forma de mostrar la cordialidad que caracteriza al sector hostelero y restauración es ofrecer un periódico a aquellos que esperan que su comanda esté lista. Elaine destaca, no obstante, que los comensales que llegan en solitario no siempre lo necesitan: en ocasiones se mantienen ensimismados con su teléfono móvil y otras muchas veces solo quieren desconectar de sus circunstancias personales y dejar que los pensamientos fluyan libre e inconsecuencialmente.

Anota también que en efecto, este comportamiento de consumo se observa más a menudo entre la juventud. Según la profesional, esto habla maravillas de la confianza que depositan los jóvenes en los restaurantes contemporáneos.

De todo lo expuesto, queda claro que el comensal solitario será un cliente cada vez más habitual. Por suerte para el restaurador, prestarle un servicio extraordinario está al alcance de su mano.

Sobre el autor

Redacción

Artículo realizado por el equipo de redacción de DiegoCoquillat.com. Cuenta con profesionales tanto en el terreno de la hostelería, gastronomía y turismo, como en de las nuevas tecnologías e innovación.

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