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El mercaurante, supermercado transformado en restaurante

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Aumentar el volumen de negocio no es sencillo en ningún sector. En el mundo de la alimentación destaca el caso de los supermercados, tiendas de ultramarinos convertidas en centros comerciales donde no solo se dan cita ingredientes y platos preparados, sino que también se presentan vestimentas, productos de limpieza e higiene y hasta secciones de juguetería orientadas a los más pequeños de la casa.

En el caso de los restaurantes tampoco hay que rebuscar mucho para encontrar ejemplos en los que productos que tradicionalmente no tienen cabida en los comedores llegan al local. Uno de los casos más llamativos es el de los híbridos entre restaurante y mercado; espacios abiertos que recuerdan un mercado tradicional en la disposición de las mesas, pasillos y artículos, pero cuyo funcionamiento se parece más a una combinación de negocios de restauración (takeaway especializado en repostería, bar, restaurante, etcétera) que trabajan en comandita para ofrecer un servicio integral a los visitantes.

Los límites borrosos entre estos dos bloques dedicados al sector alimentación están desapareciendo a marchas forzadas desde la década de los 80. Fue entonces cuando los supermercados de la cadena Marks & Spencer pusieron en valor su marca para ofrecer platos preparados por restaurantes locales en su área de influencia.

Desde entonces se han sucedido los casos en los que diferentes restaurantes se han embarcado en una aventura cuyo fin último es espolear su volumen de negocio a través de un mercado anexo paralelo: el de las tiendas de alimentación.

La cadena de pizzerías Pizza Express así lo hizo. Desde que apareciera en los supermercados Waitrose han pasado muchos años, los suficientes como para que hallar este ítem no sea inusual en ninguna de las tiendas de alimentación de Reino Unido, mercado al que proveen.

Más que inusual, es inusitadamente extraño no encontrar cafés de Starbucks en las zonas de refrigerados y lácteos de las tiendas de alimentación. Incluso en España, donde la implantación de la reconocida cadena de cafeterías fue más bien lenta y tardía, hoy sería difícil no encontrar algún producto de la casa.

En Reino Unido algunos restaurantes como Itsu o Las Iguanas proveen a los mercados locales con comidas preparadas que llevan el distintivo del restaurante.

Y en EE. UU. es muy habitual que los restaurantes locales cuenten con carritos itinerantes o stands dentro de los propios hipermercados. Allí los clientes de las tiendas de alimentación pueden recoger los platos que más aprecian, y encima cocinados por los chefs sus restaurantes favoritos. Todavía infrecuente, esto también se deja ver en el mundo anglosajón europeo de la mano de restaurantes como Wasabi o Crussh, que tienen acuerdos de exclusividad con sendas cadenas de supermercados para ofrecer sus productos. Así, tanto los negocios de restauración mencionados como las tiendas que los hacen llegar al cliente (Marks & Spencer y Sainsbury’s, respectivamente) se benefician de la colaboración.

Pero la fusión no es unidireccional. Las tiendas de alimentación también quieren potenciar sus propias ventas a través de los restaurantes.

Este es el caso de Tesco, que ha realizado varios movimientos estratégicos para tener más participación en el mercado de los alimentos. Lo ha logrado comprando cafeterías como Harris + Hoole, el restaurante Giraffe o los híbridos Philippot Lane y Charing Cross.

Como casos extraordinarios caben destacar los intentos de Starbucks por vender cubertería, vajilla y ajuar de cocina; así como la experiencia piloto que tuvo lugar en el supermercado Asda & Morrisons mediante la que pretendían hacer reparto de comida a domicilio de sus opciones de comida preparada (platos indios y productos de pizzería).

Una comparación entre el supermercado de la década pasada y sus características actuales pone de manifiesto de forma inmediata que esta tendencia está al alza. El número de opciones disponibles en los estantes de comida preparada hoy en día es muy superior que hace unos años, y el ritmo de crecimiento de este segmento de mercado en las tiendas de alimentación no hace sino dispararse.

Además, dentro de este nicho tienen cabida iniciativas humildes que benefician a los negocios de restauración de menor entidad. Los productos que cuajan entre los consumidores se quedan y aquellos que no lo hacen son sustituidos por otros, de forma que se tiene un bucle continuo en el que los platos preparados con más demanda son los que permanecen en los estantes de los mercados.

Así, quien visite hoy un supermercado podrá encontrar desde pimientos rellenos, hasta asados, pasando por sushi, calamares en su tinta, comida étnica de muy diversos tipos (a menudo orientada a las necesidades de las comunidades inmigrantes locales) y postres de especialidad cocinados en los fogones de algún restaurante cercano, por mencionar algunos.

El ejemplo mas destacado en España en los últimos meses ha sido los “mercaurantes” de Mercadona, un proyecto que impulsa la empresa de retail con el objetivo de ganar el terreno a los pequeños bares y restaurantes con su “Listo para Comer” y que sin es una de las grandes apuesta de para los próximos años.

Si seguirán mezclándose estos dos frentes del sector alimentación es algo incierto sobre lo que no se puede comentar, pero como anécdota cabe mencionar el caso de los influencers que recientemente han sacado rentabilidad a calentar platos preparados en el microondas para venderlos a través de un restaurante virtual de Deliveroo. El hito de Josh Pieters puede señalar una realidad que aún está por llegar: del súper al restaurante y viceversa.

Sobre el autor

Redacción

Artículo realizado por el equipo de redacción de DiegoCoquillat.com. Cuenta con profesionales tanto en el terreno de la hostelería, gastronomía y turismo, como en de las nuevas tecnologías e innovación.

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