Smiley face

Únete al CLUB DE INNOVACIÓN PARA RESTAURANTES más grande del mundo

¿El teléfono móvil va del lado del cuchillo o del tenedor?

0

Una estampa común en las ciudades del siglo pasado eran los ciudadanos ocultos tras el periódico. Las cosas no han cambiado mucho en estos cien años: los rostros siguen ocultos, pero ahora son los móviles y las tabletas los objetos que esconden las caras.

Pese a que la escena general no ha variado demasiado, lo que sí ocurre es que el fenómeno se observa con mayor frecuencia. La era digital en la que nos encontramos inmersos, dominada por las telecomunicaciones y la inmediatez de la información, casi nos obliga a estar pendientes de nuestros teléfonos cada minuto del día.

Se ha establecido de este modo cierta dependencia. En una experiencia conocida como Unplugged, en la cual participaron 1000 estudiantes de doce universidades ubicadas en diversas partes del mundo, se pidió a los jóvenes partícipes (de entre 17 y 23 años) que permaneciesen un día al margen de las redes. Un 80% de ellos presentaron síntomas típicos del síndrome de abstinencia. De la iniciativa se concluye que el uso de los celulares ha rebasado ampliamente lo tolerable.

El problema ha alcanzado hasta a los restaurantes. Algunos restauradores se han visto obligados a tomar medidas para frenar un uso abusivo de las tecnologías dentro de sus locales. Los testimonios de estos afectados son desoladores: primeras citas en las que la pareja apenas cruza una palabra, familias enteras en las que los niños están pegados a sus videojuegos, y tonos de llamada que echan por tierra el ambiente del salón que el restaurador tanto se ha esforzado por conseguir.

Algunas de las medidas que se ha adoptado, con mayor o menor éxito, en estos restaurantes son la prohibición total del uso de los móviles (hay que entregar los aparatos al entrar al local), descuentos que benefician al comensal si este accede a apagar su teléfono, o incluso llamadas de atención por parte del personal de camarería que conforma la plantilla.

Sin embargo, no es suficiente con que la implantación de estas medidas se dé en algunos restaurantes excepcionales. Además, dejar en manos de los restauradores las políticas en materia de telefonía móvil dentro del local acostumbra generar fricciones indeseadas en el negocio.

Las circunstancias actuales obligaron a David G. Allan a dirigirse a la CNN con un llamamiento a conservar nuestra educación, civismo y salud. Un argumento que no necesitó mucha opinión por parte del columnista, ya que se defiende solo teniendo en consideración los avances científicos que se han realizado en materia de interacción social y cómo las nuevas tecnologías afectan a nuestras vidas al deteriorar dichas relaciones.

Las comidas familiares se establecen como un momento para reforzar los vínculos entre los miembros que configuran la familia, más aún cuando se aporta un componente especial o de excepcionalidad como es salir a comer fuera de casa.

Prescindir de estos instantes de gran valor para los más jóvenes aumenta la incidencia del fracaso escolar y de los problemas mentales. Esto ya quedó suficientemente demostrado en un estudio exhaustivo en el que se tuvieron en consideración las costumbres y características de 21 400 niños y jóvenes de entre 5 y 15 años. El estudio realizado por Daniel P. Miller y asociados fue publicado en la revista Child Development y encontró una fuerte correlación causa-efecto.

Allá donde el consumo es más desaforado, la tenencia de dispositivos digitales también es más común entre los más jóvenes. En la actualidad no es raro que los niños reciban su primer móvil en EE. UU. al iniciar su periplo escolar. Este país también está absorto en una crisis de obesidad con la que no sabe cómo lidiar. Las malas costumbres a la hora de comer (entiéndase el uso de móviles en la mesa) juegan un papel importante en qué niños sucumben a la obesidad y cuáles no. Estas conclusiones fueron publicadas por un equipo interdisciplinar compuesto por 13 integrantes en la revista BMC Public Health en 2017.

De igual modo, los adolescentes que son incapaces de relacionarse adecuadamente con sus acompañantes durante la hora de comer por estar demasiado ocupados con sus aparatos electrónicos presentan una tendencia a adoptar comportamientos autolesivos como el consumo de drogas (incluyendo aquellas permitidas: tabaco y alcohol) así como tendencias depresivas e incluso suicidas. Marla E. Eisenberg, Rachel E. Olson y Dianne Neumark-Sztainer escriben largo y tendido sobre el asunto en Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine, su artículo de 2004 altamente citado detalla las correlaciones existentes entre los fenómenos expuestos.

Desde una perspectiva más generalizada, también soportada por numerosos artículos científicos, el problema reside en que las malas costumbres en la mesa se corresponden con problemas de salud, que pueden ir desde aquellos de índole endocrinológico o psiquiátrico como ya se ha tratado en los párrafos anteriores, hasta problemas cardiovasculares y somnológicos.

Queda meridianamente claro que es necesario recuperar el ámbito de los comedores como centro de interacción social. Y esto ha de ocurrir en el hogar, pero también en el entorno del restaurante.

Bruce Feiller, autor del libro The Secrets of Happy Families, y Jamie Oliver, estrella de la gastronomía televisiva en Reino Unido y allende los mares, son firmes defensores de esta idea. Idea que en algún momento debe materializarse para mejorar la etiqueta en la mesa, ya sea a través de programas de educación dirigidos a futuros padres o a los propios menores, o en forma de política argumentada en los restaurantes.

Sin detrimento de todo lo expuesto, es innegable que el móvil en la mesa trae consigo más problemas. Los aparatos son manoseados constantemente, pero no reciben una limpieza a fondo tan a menudo. Se trata pues de peligrosos vectores de enfermedades y factor de riesgo en materia de contaminaciones cruzadas a la hora de comer.

Finalmente, cualquiera que haya comido en un restaurante frecuentado por trabajadores en las horas centrales del día sabrá que el salón se convierte en un vergel de llamadas laborales. La hora de la comida pasa así de un momento de descanso y sosiego para socializar con los compañeros, a convertirse en un concurso para ver quién puede alzar más la voz y en una extensión de la oficina. Las conversaciones cruzadas de unos y otros al teléfono impiden cualquier comunicación eficiente.

Se puede concluir que dejar el móvil a un lado a la hora de comer solo trae ventajas. La cuestión es si seremos capaces de dejarlo tranquilo por un momento, ya estemos en casa o en un restaurante.

Sobre el autor

Redacción

Artículo realizado por el equipo de redacción de DiegoCoquillat.com. Cuenta con profesionales tanto en el terreno de la hostelería, gastronomía y turismo, como en de las nuevas tecnologías e innovación.

Suscríbete

Deja un comentario