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Ode au plaisir de manger seul

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Un demi-pain, une botte avec une pinte de vin de cru, un morceau de fromage de chèvre et, peut-être, un morceau de chorizo ​​sec durci plutôt.

Il ne semble pas un bon repas aussi bien, à première vue, et, cependant, Tout dépend peut-être le moment qui cherche, et qui cherche, notre vie.

probable, sur les bords de Segura ou au sommet du mont Orihuela, Ils pourraient savoir comment autrement ya poète Miguel Hernández evocava plusieurs fois à Madrid ces repas seul dans le domaine, dans la pause déjeuner et le troupeau, savourant lentement chaque bouchée, savourant la règle absolue de la solitude avec soi-même, corps de la faim, et de l'esprit.

Certes, cuit Lhardy Madrid accompagné de Cossio, Neruda, Aleixandre ou Juan Ramon Jimenez lui-même lui donner quelques délices gastronomiques, attaché à la collecte, colmasen vertus de son estomac autant que sa soif de connaissances et de créer, mais la nostalgie du goût de ces oignons solitaires champs secs a été amplement reflétée dans sa mémoire et ses poèmes.

« L'oignon est gelée
fermé et les pauvres:
le gel de vos jours
et mes nuits.
La faim et l'oignon:
glace et de givre noir
grand rond '.

Aujourd'hui, nous ne contemplons pas la cuisine ou de la faim ou d'un solo et, sans risque, lorsque le créateur du chaîne de restaurants asiatique Ichiran Il a été élevé pour créer un concept divisé en cabines restaurants et a récemment ouvert à New York, où l'interaction humaine rendrait impossible de se concentrer sur la dégustation de la nourriture par la nourriture pure et pur plaisir oceanside, Miguel Hernandez ne savait pas, mais la poésie.

Profitez de visage manger

La vérité est, dans une civilisation et de la société que nous vivons aujourd'hui, obtenir la jouissance de quelque chose d'exclusif et isolé, spécifique et unique, avec une concentration absolue, il est quelque chose que nous faisons face aussi impossible et, cependant, L'idée semble grande à première vue.

On n'a pas besoin de plus de mémoire pour rappeler ces années que des repas castillans où les hommes ont enlevé son béret et, pour beaucoup de gens qui avaient, ni les yeux sont passés de l'antenne, ni il a été entendu au-delà du vol d'une mouche.

La comida era un acto de hambre, de placer y de descanso. Un momento para aislarse y concentrarse en los pucheros y en los platos, en la tajada y en los garbanzos, y masticarlos despacito, como para sacarles la manteca, en el breve reposo del sudor y la faena.

«El que come y canta un sentido le falta», cantaban los padres. «Oveja que bala bocado que pierde», se decía en Asturias; refranes que formaban parte de la cultura española y se usaban hasta hace muy pocos años. Quizás, en un mundo donde engullimos cada día más aceleradamente, no estaría de más replantearnos la necesidad de volver a hacer de la comida un acto más íntimo y menos social.

La experiencia mística de comer

Sin embargo, en este país en el que vivimos y convivimos, la idea de la cadena asiática no debería sorprendernos tanto.

Nuestro territorio está plagado de monasterios y hospederías que abren sus puertas a peregrinos reconvertidos en turistas, a turistas reconvertidos en peregrinos, o a quienes llaman y reservan, para compartir con ellos sus usos y costumbres, su comida y alojamiento.

El monasterio de la Santa Cruz en Casarrubios del Monte o el monasterio de El parral, en el mismo Segovia, son un pequeño exponente de esta práctica.

El silencio en la comida, únicamente interrumpido en algunas órdenes por el hermano lector, es una costumbre habitual ya que contemplan la comida como uno de los pocos placeres permitidos, un momento de degustación, de reflexión y de agradecimiento, que lleva a la perfecta comunión con uno mismo.

La propia Santa Teresa de Jesús, exponente mayor de la mística con San Juan de la Cruz, algo de ello debía saber cuando decía que a Dios había que buscarle entre pucheros y fogones.

Aunque la mística del amigo Sancho fuera bien diferente, y ante la invitación de don Quijote a comer de su plato y a su lado en compañía de otros caballeros de hidalguía manifestase su preferencia por comer a solas y de pie, esta vez justificada en que mucho mejor le sabía lo que comía en su rincón sin melindres ni respetos, aunque fuese pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas en las que le era forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarse mucho, no estornudar ni toser, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad le aportaban.

La única precaución que hemos de tener es la de no coincidir en el día de la semana en que los monjes cartujos se obligan a comer tan solo pan y agua, a riesgo de que nuestra mística experiencia se convierta en ayuno.

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Sobre el autor

Artículo realizado por el equipo de redacción de DiegoCoquillat.com. Cuenta con profesionales tanto en el terreno de la hostelería, gastronomía y turismo, como en de las nuevas tecnologías e innovación.

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3 Comments

  1. Sugerente experiencia.
    Aunque se salen un poco de la modernidad y las ideas actuales sobre cocina, he tenido la oportunidad de disfrutar de esos retiros.
    Excelente Oda.

    • Jose Berenguer on

      Hola Javier, muchas gracias por tu comentario. Nos alegra que te haya gustado nuestra “Oda”. La verdad es que nos pareció muy interesante el concepto de comer en soledad y la concentración máxima en la experiencia, más allá del glamour de la situación o el contexto. Todos lo hemos experimentado alguna vez, y es fácil conectar con las sensaciones a las que remite el artículo. Esperamos seguir sorprendiéndote, ¡un saludo!

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