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Muebles inteligentes para adaptar los restaurantes al incremento de los pedidos de comida a domicilio

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El mercado de la comida para llevar ha alcanzado ya los 12 000 millones de euros, y cada vez más consumidores se suman a esta impresionante revolución en la forma de consumir los productos ofrecidos por el sector de la restauración. Por este motivo, algunas estimaciones sitúan el valor potencial de mercado de este segmento de la industria en unos 350 000 millones de euros, cifra que se alcanzaría en torno a 2030.

Y es que durante el próximo lustro el negocio de la comida para llevar seguirá creciendo a un ritmo superior al 10%. Por supuesto, un pastel tan apetitoso no ha pasado desapercibido, y ente momento diversas empresas de movilidad especializadas en el reparto de comida a domicilio pugnan por defender su posición en el entramado empresarial. Son nombres conocidos: GrubHub, Uber Eats, Deliveroo, DorrDash, Just Eat

Estas empresas son noticia cada dos por tres por las innovaciones tecnológicas para restauración que acometen con el objetivo de diferenciarse de sus competidores y obtener una ventaja competitiva frente a los rivales.

Aunque algunas de estas soluciones tecnológicas son realmente punteras, valgan como ejemplo los drones de reparto, los robots camareros o los vehículos dotados de conducción autónoma; la realidad es que queda mucho por hacer incluso en las aplicaciones más simples.

Es el caso del espacio de trabajo destinado al reparto domiciliario de comida. La tendencia de comprar comida para llevar ha aparecido recientemente, y como es lógico pensar, los restaurantes tradicionales no están adaptados para funcionar de forma eficiente con las nuevas necesidades del mercado.

Como compromiso temporal se ha optado por realizar pequeñas adaptaciones o reformas, pero en este ambiente tremendamente competitivo ya no basta con salir al paso con improvisaciones.

La realidad actual queda evidenciada por las palabras de Tim Young, cofundador y director ejecutivo de Eatsa, una empresa de tecnología para la restauración: «Este nuevo modelo de operación que no tiene porqué ser compatible con el espacio existente ha creado congestión y caos».

En muchos restaurantes los paquetes de comida para llevar se apilan sobre la barra de bar, a la vista de todos los comensales, ofreciendo una sensación de desaliño y falta de cuidado a todo el que pase por allí.

Eso no es todo. En el caso de los establecimiento cuyo éxito en el servicio takeway es más acusado, tiene lugar una tránsito constante de repartidores, que ocupan el espacio destinado para que los comensales que deciden visitar el local físico disfruten tranquilamente de la comida, resultando tremendamente intrusivos.

Para evitar retrasos, fallos en la entrega de los pedidos y pérdida de eficiencia, es necesario que el espacio de trabajo del restaurante esté orientado al reparto domiciliario. Así pues, alguna parte del establecimiento tiene que estar preparada para servir de nexo con el servicio externo de reparto domiciliario de comida con el que se colabore.

La recogida de la comida en los restaurantes se ha convertido en un problema de dimensiones colosales, ya que cada maestrillo tiene su librillo. Nada tiene que ver cómo opera un restaurante tradicional en el centro de Madrid, con un McDonald’s ubicado en un centro comercial.

Es más, en EE. UU., cada restaurante de McDonald’s ha tenido que pasar por una evaluación individual para estimar la forma más conveniente para facilitar la recogida de la comida para llevar. Es decir, hubo que realizar más de 14 000 estudios con sus consiguientes decisiones. Un quebradero de cabeza que sin duda ha sido positivo, pues su aún joven relación comercial con Uber Eats ha sido motivo de buenas nuevas en los últimos trimestres.

Por una situación similar ha pasado GrubHub, quienes han tenido que ofrecer consultoría personalizada a cada uno de los restauradores que componen su entramado de locales asociados.

El cambio radical ha llegado de la mano de Chipotle. Durante un proyecto piloto realizado en uno de sus establecimientos de Nueva York, la comida para llevar envasada ya para su transporte se dejaba en un anaquel, colocada por orden alfabético según el nombre y apellidos de la persona que había ejecutado el pedido. De esta manera los repartidores nada más tenían que llegar al restaurante, aproximarse a la repisa y recoger la bolsa pertinente.

La experiencia fue un éxito rotundo. No solo aumentó la satisfacción de los repartidores, siempre acuciados por cumplir los tiempos de reparto, sino que además mejoró los tiempos de atención de Chipotle, cadena que se vanagloria por ser la crème de la crème en lo que a esperas se refiere.

Después de comprobar el buen funcionamiento de un sistema tan simple, ahora son 1000 establecimientos los que están dotados de este tipo de estanterías segregadas destinadas a la colocación de pedidos para llevar listos para salir. Y más vienen en camino. Chipotle ya estudia cómo incorporar el mobiliario necesario en los locales más antiguos. Un reestructuración del espacio de trabajo sencilla que genera beneficios tanto para los restauradores como para los consumidores.

Algo de este calibre, pese a su simplicidad, no podía pasar desapercibido. Es por ello que en este momento varias empresas ofrecen mobiliario especializado para áreas destinadas al reparto a domicilio de comida en los restaurantes. De entre todas ellas destaca, sin duda alguna, la apuesta de Eatsa.

La compañía de Tim Young ha desarrollado un anaquel presentable conocido con el nombre de Spotlight Pickup System, o Spot, para acortar. Se trata de un mueble modular con segmentos de pequeño tamaño que permiten su instalación incluso en las esquinas más hacinadas.

Lejos de ser una pieza de madera sin mayor misterio, el Spot incorpora electrónica a su diseño. Gracias a ello, los nombres de quienes realizan los pedidos aparecen tenuemente iluminados en la fachada de la repisa. No tan luminoso como para molestar o deslumbrar a los comensales, pero lo suficientemente notable como para que sea leído con rapidez por los repartidores.

La tecnología de presentación de imágenes no es el único secreto que esconde el Spot. También está dotado de un sensor de peso capaz de detectar cuando se ha depositado el pedido encima del soporte. Si se desea, se puede configurar que en este instante se emitan notificaciones al gerente, al repartidor o al comensal que espera en su casa. Incluso podría llegar a alertar de un pedido cuya entrega se ha demorado más allá del tiempo estipulado, por si hubiera que cocinar de nuevo el contenido, si es que así se desea.

Este mueble inteligente para la restauración demuestra algunas de las claves que serán vitales en la reestructuración del espacio de trabajo en el restaurante: simplicidad, innovación, conectividad y versatilidad.

Young, feliz, comenta: «[…] honestamente, estamos cogiendo mucha tracción, porque todo el mundo está intentando solucionar este problema».

Clara demostración de que una genialidad no necesita ser una máquina compleja.

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Redacción

Artículo realizado por el equipo de redacción de DiegoCoquillat.com. Cuenta con profesionales tanto en el terreno de la hostelería, gastronomía y turismo, como en de las nuevas tecnologías e innovación.

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