Una economĂa globalizada es una economĂa cambiante: la tecnologĂa avanza, los productos y servicios se vuelven obsoletos y las estrategias de organizaciĂłn y venta de productos y servicios se modifican. En este sentido, la posibilidad de generar cambios o adaptarse a ellos con mayor rapidez que los competidores constituye una importante ventaja competitiva.
Innovar es conseguir que un producto o servicio nuevo y realizado de forma diferente se abra camino en el mercado. Las expectativas ante la compra de los clientes han cambiado de forma sustancial. Asà comprobamos que el consumidor dispone cada vez de menos tiempo, busca mayor comodidad, hay un mayor deseo de personalización, hay una menor fidelidad en la compra, existe una mayor sensibilidad en los precios y una menor percepción en la diferenciación de los productos.

CĂłmo aplicar la captologĂa al mundo de los restaurantes
La función básica de un restaurante ya no es la obtención de resultados a través de su cuenta de explotación; se busca fundamentalmente hacer clientes, mantenerlos, desarrollarlos y maximizar su rentabilidad. De esta forma, el beneficio de las ventas será el resultado de la resta entre las operaciones con margen menos las operaciones con pérdidas.
En los Ăşltimos meses se ha impuesto un nuevo sistema que se incorpora a la cadena de valor entre restauradores y clientes buscando las tecnologĂas de diálogo para generar interfaces claros y transparentes. Entre todas ellas está como la de más Ă©xito, la captologĂa.
La captologĂa es una nueva disciplina que “se focaliza en el diseño, investigaciĂłn y análisis de productos informáticos (o, más ampliamente, digitales) e interactivos creados con el propĂłsito de cambiar las actitudes y comportamientos de la gente”, en palabras de su fundador, B.J. Fogg, que desarrollĂł el tĂ©rmino a partir de su tesis doctoral en 1990.

Ejemplos captolĂłgicos serĂan los nuevos sistemas digitales para seguir una dieta o estar en forma (te recuerdan en cada momento lo que debes y no debes hacer y comer), ejercicios para optimizar tiempos en un servicio, o para convencer a los trabajadores de una empresa de alimentaciĂłn la conveniencia de mantener unos buenos hábitos de higiene.
La captologĂa tambiĂ©n ha sido estudiada para la funciĂłn de cĂłmo diseñar webs que las hagan creĂbles: quien hay detrás, direcciĂłn fĂsica, actualizaciĂłn frecuente, enlaces a otras webs creĂbles, etc; de esta forma tenemos vĂnculos a juegos de cocina y de servicio en restaurantes, simuladores de menĂşs, y de análisis para la optimizaciĂłn de espacios para las salas.
Por Ăşltimo Michael Schrage nos comenta en uno de sus artĂculos recientes en “Technology Review”, que uno de los retos más importantes para los desarrolladores de nuevos productos consiste en favorecer la autopersuasiĂłn del cliente, o sea, que a travĂ©s de jugar con ellos; los clientes lleguen a convencerse por sĂ mismos de que son una buena propuesta para ellos. “El reto de los innovadores es conseguir que los clientes potenciales prueben, jueguen, toquen, los productos de manera que asĂ reduzcan su resistencia, natural o adquirida, a la innovaciĂłn”, ha dicho Schrage.
Los clientes actuales van más allá del «¿cuánto cuesta?»
Necesitamos entradas de información que nos den criterios objetivos a efectos del coste real de nuestros productos o servicios asà como las expectativas que sobre ellos tienen nuestros clientes. A partir de ahora ya no nos ceñiremos sólo al ¿cuánto cuesta? como principal pregunta que un cliente hace.

El análisis y la gestiĂłn de nuestros costes de producciĂłn, o el análisis de la rentabilidad de la cartera de productos no es suficiente. Nos encontramos en un momento en el que se están produciendo cambios estructurales importantes y un considerable aumento de competencia, favorecidas en gran parte por las economĂas de escala y en una permanente apariciĂłn de nuevas tecnologĂas.
En fin, se trata de simulaciones convincentes que persuadan y reduzcan nuestras resistencias tanto desde el punto de vista del restaurador como del cliente. El análisis psicológico te lo dejo a tu juicio querido/a lector/a.



