Diego Coquillat - El Periódico de los Restaurantes

Por qué la IA recomienda unos restaurantes y deja fuera a otros: lo que revelan los primeros estudios

Un restaurante puede ofrecer una excelente experiencia y quedar fuera de las recomendaciones de una inteligencia artificial. Las primeras investigaciones apuntan a una diferencia relevante: la calidad del negocio y la información que permite descubrirlo no son lo mismo. Para el hostelero, comprender esa distancia empieza a formar parte de su estrategia comercial.

Cuando un cliente pregunta a una inteligencia artificial dónde cenar, el restaurante puede estar compitiendo sin saberlo. No recibe una llamada, una visita a su web ni una solicitud de información. Su nombre puede aparecer entre las propuestas o quedarse fuera antes de que el comensal llegue a conocerlo.

Esta situación plantea una pregunta que merece más atención que cualquier supuesto truco de posicionamiento: ¿qué información encuentra un asistente para relacionar nuestro restaurante con lo que necesita ese cliente?

La respuesta obliga a mirar el negocio desde fuera. Nosotros conocemos la cocina, el ambiente, el equipo y las razones por las que alguien vuelve. Pero ese conocimiento no siempre está bien explicado en internet. Una carta antigua, una descripción genérica o unos horarios contradictorios pueden ofrecer una representación bastante pobre de un establecimiento que funciona bien.

Creo que ahí comienza una parte importante del trabajo: reducir la distancia entre el restaurante que somos y el que los sistemas pueden reconstruir con la información disponible.

Aparecer y ocupar la primera posición son cuestiones diferentes

Un estudio de Vladimir Pitenin publicado en arXiv contrastó 2.208 respuestas de ChatGPT, Claude, Gemini y Perplexity con un censo de 4.776 cafés, restaurantes y bares de Canggu y Ubud, en Bali. El 85,6 % de los establecimientos no apareció nunca; entre los que acumulaban al menos cincuenta valoraciones, la proporción fue del 72,6 %.

El hallazgo más útil distingue dos momentos. La inclusión en las respuestas se asociaba con el volumen de reseñas, disponer de web, publicar precios y contar con menciones de terceros. La nota media no mostró una asociación significativa en ese paso. Entre los establecimientos recomendados, sí se relacionaba con ocupar la primera posición.

Es un preprint centrado en dos mercados concretos: identifica asociaciones, no demuestra causas ni permite trasladar sus porcentajes a España. Tampoco establece una fórmula universal. Su aportación consiste en separar visibilidad y posición, dos resultados que solemos mezclar al preguntar si un restaurante está bien posicionado.

Para la dirección, esa distinción invita a revisar el diagnóstico. Si el negocio apenas aparece, dedicar todos los esfuerzos a subir unas décimas la valoración podría dejar sin atender otras carencias. Antes conviene comprobar qué información existe, dónde está y si describe suficientemente nuestra propuesta.

La web forma parte de una presencia más amplia

Otro análisis de la agencia Synergyweb examinó cuarenta consultas a ChatGPT sobre negocios locales en cinco ciudades españolas. Entre las 75 citas visibles recogidas, 69 correspondían a directorios, rankings o portales y solo dos a webs de negocios locales. El estudio no incluía restaurantes, utilizó una ejecución por consulta y únicamente dieciséis respuestas mostraron enlaces. Es una observación complementaria, no una descripción general del comportamiento de ChatGPT.

Además, las fuentes que un asistente cita no revelan necesariamente todo lo que ha intervenido en su respuesta. Sería precipitado deducir que una web propia carece de importancia porque aparezca poco entre los enlaces.

La lectura empresarial que propongo es revisar el conjunto. La web permite explicar la oferta con detalle y bajo nuestro control. Las plataformas de reservas, las fichas locales, las guías y las opiniones aportan otras representaciones del establecimiento. Conviene conocerlas porque también forman parte de lo que un cliente puede encontrar sobre nosotros.

Eso exige cierta disciplina. Si cambiamos la carta, deberíamos saber qué canales necesitan actualizarse. Si modificamos un horario, alguien debe responsabilizarse de trasladarlo. Si una plataforma conserva fotografías o precios de otra etapa, hay una tarea pendiente.

La coherencia digital depende, en buena medida, de una organización interna muy concreta: quién mantiene la información y qué sucede cuando cambia el negocio.

Explicar para qué cliente encaja el restaurante

Cuando escribí sobre cómo la IA modifica el descubrimiento y la elección de restaurantes, planteé la importancia de conectar la propuesta gastronómica con la intención del cliente. Esa reflexión sigue siendo útil: alguien puede buscar una comida rápida antes de una reunión, una celebración familiar o una cena tranquila con opciones vegetarianas.

Para responder a esas necesidades, expresiones como «producto de calidad», «experiencia única» o «cocina con pasión» ofrecen poca información concreta. Podrían describir miles de establecimientos.

Resulta más útil explicar qué se puede comer, cuánto cuesta, qué formatos de menú existen, cuándo se sirven y cómo se reserva. Si atendemos grupos, conviene detallar las condiciones. Si contamos con una terraza, interesa mostrarla y explicar su disponibilidad. Si tenemos opciones vegetarianas, el cliente debería poder identificarlas en una carta vigente.

Mi criterio sería aplicar una prueba sencilla: ¿esta información ayuda a una persona a decidir si el restaurante encaja con su plan?

La propia guía de Google para sus funciones de búsqueda generativa mantiene la relevancia del SEO y recomienda contenido útil, original, accesible y bien organizado. También aclara que no hacen falta archivos especiales como llms.txt para aparecer en esas funciones y que cumplir sus recomendaciones no garantiza la inclusión. Su orientación se refiere a Google Search, incluidos AI Overviews y AI Mode; no describe las reglas de todos los asistentes.

Para un restaurante, esto refuerza una prioridad razonable: resolver las preguntas reales del cliente y facilitar el acceso a las respuestas. Llenar la web de variaciones artificiales de «mejor restaurante para…» difícilmente mejora la explicación de lo que ofrecemos.

Una recomendación equivocada también tiene un coste

El trabajo de Pitenin registró 93 recomendaciones de establecimientos cerrados definitivamente. En aquella muestra, la información obsoleta fue un problema más frecuente que la invención de locales.

La cuestión merece atención incluso cuando el restaurante sigue abierto. Si un asistente atribuyera al negocio un menú retirado, un precio antiguo o un servicio que ya no existe, podría generar una expectativa que el equipo tendría que corregir después.

Por eso mediría también la exactitud de lo que se cuenta. Aparecer asociado a una propuesta que no podemos cumplir tiene un valor comercial dudoso. Puede provocar consultas improductivas, malentendidos y decepción antes de sentarse a la mesa.

La responsabilidad del restaurante tiene límites: actualizar una fuente no garantiza que todas las respuestas cambien inmediatamente. Pero sí podemos detectar errores, corregir los canales que controlamos y solicitar modificaciones en aquellos que dependen de terceros.

Consideraría ese mantenimiento parte de la atención al cliente. La información con la que alguien prepara su visita ya está condicionando la experiencia.

Medir con preguntas que importen al negocio

Para evaluar esta presencia, empezaría por un pequeño conjunto de consultas relacionadas con clientes y ocasiones de consumo reales. Mantendría una base comparable y repetiría las pruebas en varios asistentes, anotando fecha, condiciones de consulta, negocios mencionados, fuentes visibles y errores.

Observaría tanto la frecuencia de aparición como el motivo de la recomendación. ¿Nos relacionan con nuestra especialidad? ¿Entienden el nivel de precios? ¿Describen correctamente el ambiente? ¿Ofrecen una vía válida para reservar?

Después intentaría conectar ese seguimiento con resultados comerciales: visitas identificables, consultas y reservas cuando sea posible atribuirlas. Una mención aislada puede servir para descubrir un problema o una oportunidad; por sí sola dice poco sobre su efecto en el negocio.

Los primeros estudios ayudan a formular mejores preguntas, pero todavía dejan mucho por explicar. La respuesta práctica para el hostelero consiste en trabajar sobre lo que sí puede comprobar: una oferta clara, información vigente, presencia externa cuidada y una experiencia que respalde lo prometido.

Antes de contratar otra herramienta, pondría sobre la mesa la carta publicada, las principales fichas y varias respuestas de los asistentes. Compararía todo ello con el restaurante que atenderá al cliente esta noche. La distancia entre esas versiones es un buen lugar para empezar a trabajar.

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