Diego Coquillat - El Periódico de los Restaurantes

Más del 57 % del gasto en restaurantes se concentra en tres días: el reto de rentabilizar toda la semana

El consumo en bares y restaurantes tiene ritmos distintos según el día, el servicio y el territorio. Los datos de CaixaBank Research ayudan a entender esa distribución y plantean una cuestión para el sector: cómo adaptar la oferta, los equipos y la inversión comercial a las oportunidades reales de cada momento.

Más del 57 % del gasto semanal en restaurantes se concentra entre el viernes y el domingo. Tres días reúnen más consumo que los otros cuatro juntos. Para quien dirige un establecimiento, esta cifra invita a revisar algo más que el calendario de reservas: qué parte del negocio depende de unos pocos servicios y cómo se está gestionando el resto de la semana.

El dato aparece en un artículo publicado por CaixaBank el 14 de octubre, que recoge una investigación de CaixaBank Research difundida en julio. Conviene situarlo correctamente: las cifras principales corresponden a 2025, aunque su publicación divulgativa sea reciente. El análisis utiliza pagos con tarjeta en TPV de la entidad; describe el consumo observado a través de esos pagos, sin constituir un censo de toda la actividad hostelera.

Mi lectura es que estos datos permiten formular una pregunta más útil que «¿cómo podemos vender más?»: ¿en qué servicios podemos crecer, con qué propuesta y con qué efecto sobre el margen?

Las cifras que conviene tener presentes

El estudio original, elaborado por Pedro Álvarez Ondina y Eduard Alcobé Garcia, permite identificar varias referencias esenciales:

IndicadorResultado
Gasto concentrado de viernes a domingoMás del 57 % del total semanal en 2025
Importe medio por pago de lunes a juevesAlrededor de 16,50 euros
Importe medio por pago de viernes a domingoCerca de 23 euros
Peso de las cenas en el gasto de lunes a juevesDel 40,8 % en 2019 al 42,6 % en 2025
Peso de las cenas en el gasto de viernes a domingoDel 37,9 % en 2019 al 41 % en 2025

La concentración semanal apenas ha variado respecto a 2019: el peso del viernes al domingo solo aumenta 0,7 puntos porcentuales. El cambio más interesante está en el avance gradual de las cenas, aunque la comida del mediodía sigue siendo el principal momento de gasto.

Estamos, por tanto, ante una estructura persistente del consumo. Su utilidad empresarial consiste en comprobar cómo se reproduce en cada establecimiento y qué decisiones exige.

Los 23 euros no son el gasto medio por comensal

Esta distinción merece atención porque puede conducir a comparaciones equivocadas. Los importes publicados corresponden a transacciones, y un pago puede cubrir el consumo de una persona o de varias. No permiten afirmar que cada cliente gaste 23 euros durante el fin de semana.

Tampoco justifican subir precios en esa proporción. Para interpretar el comportamiento de un restaurante habría que conocer cuántos comensales atiende, qué piden, cómo se agrupan y cuánto deja cada servicio después de sus costes.

Un establecimiento podría registrar cuentas más elevadas porque recibe mesas más grandes, sin que aumente el gasto individual. Otro podría vender más durante la cena y necesitar una combinación de producto y personal que reduzca el margen. La facturación ayuda a observar la actividad; entender su calidad económica exige profundizar.

Por eso separaría tres medidas en cualquier análisis de gestión: importe por cuenta, gasto por comensal y margen del servicio. Confundirlas puede llevar a celebrar una mejora que todavía no se ha producido.

Entre semana y fin de semana pueden exigir propuestas diferentes

La consecuencia comercial más interesante es que un mismo restaurante puede atender necesidades distintas a lo largo de la semana.

Una persona que come durante su jornada laboral podría valorar especialmente la previsibilidad del precio, la rapidez y la facilidad para volver. Esa misma persona, el sábado, quizá busque compartir platos y prolongar la sobremesa. Son situaciones posibles que cada negocio debe contrastar con sus clientes.

Mantener una identidad gastronómica coherente permite responder a ambas ocasiones. Lo que puede cambiar es el formato: una propuesta de mediodía fácil de entender, una reserva ágil o una selección para compartir durante los servicios de ocio.

También revisaría la publicidad desde esa perspectiva. Si el sábado ya alcanza la capacidad que cocina y sala pueden atender bien, una campaña que concentre todavía más solicitudes en ese momento podría aportar poco. Un jueves con capacidad disponible puede ofrecer una oportunidad mayor, siempre que exista demanda a la que dirigirse.

El objetivo comercial debería concretar qué servicio queremos mejorar. A partir de ahí resulta más sencillo elegir el mensaje, la propuesta y el presupuesto.

Llenar las horas débiles tampoco equivale automáticamente a ofrecer descuentos. Primero conviene averiguar qué dificulta la visita: desconocimiento de la oferta, horarios poco adecuados, falta de una ocasión clara o una propuesta que no encaja con el entorno.

Las cenas ganan peso, pero cada territorio tiene su calendario

La distribución provincial añade un matiz relevante. Madrid, Barcelona y Bizkaia destacan por el peso relativo del consumo de lunes a jueves. Cáceres, Badajoz y Ciudad Real presentan una mayor concentración de viernes a domingo. Los destinos turísticos, entre ellos las islas y provincias mediterráneas como Alicante o Málaga, muestran una demanda entre semana apoyada también por visitantes.

Estas diferencias aconsejan prudencia al trasladar una media nacional a una decisión local. Un restaurante situado junto a oficinas, otro en una zona residencial y otro en un destino vacacional pueden necesitar calendarios comerciales muy distintos, incluso dentro de la misma provincia.

El crecimiento del peso de las cenas merece seguimiento, pero abrir más noches requiere comprobar si existe una oportunidad propia. Observaría las peticiones que no se pueden atender, el comportamiento de las reservas y el coste de ampliar el servicio.

Además, ganar participación en el gasto no demuestra por sí solo que aumente el número de visitas. Para decidir sobre horarios y plantilla interesa conocer ambas cosas.

La digitalización debe ayudar a gestionar cada servicio

Aquí encuentro una aplicación concreta de la tecnología: relacionar información que muchos restaurantes ya generan, pero revisan por separado.

Las ventas del TPV muestran qué se ha vendido y cuándo. Las reservas ayudan a conocer la demanda anticipada. Los registros de comensales, las horas de trabajo y los costes de producto permiten interpretar mejor el resultado. Al reunirlos, la pregunta deja de ser cuánto facturó el restaurante durante el mes y pasa a ser qué ocurrió en cada servicio.

Una herramienta de análisis, con o sin IA, podría ayudar a detectar diferencias entre jueves comparables, señalar desviaciones o preparar previsiones de compras. Su utilidad dependería de la calidad de los registros y de comprobar después si esas previsiones fueron acertadas.

También permitiría distinguir problemas que requieren respuestas diferentes. Si hay demanda y faltan mesas, interesa revisar la capacidad y las reservas. Si sobran mesas y apenas llegan consultas, hay que trabajar la captación o la propuesta. Si el comedor se llena y el margen resulta insuficiente, conviene revisar producto, costes y organización.

Automatizar un informe tiene sentido cuando facilita alguna de esas decisiones.

Para empezar, pondría las últimas semanas en una tabla por día y servicio, con ventas, comensales, gasto individual, horas trabajadas y coste de producto. Después elegiría un servicio cuyo resultado pueda mejorarse y definiría una intervención concreta.

La próxima decisión comercial del restaurante debería poder nombrar el día y el servicio en el que espera producir una mejora. Ese nivel de precisión convierte una estadística sectorial en una herramienta de dirección.

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