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Somos un país de camareros… y a mucha honra

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Aunque actualmente me dedico a la formación universitaria, nunca he dejado de considerarme un camarero; un orgulloso camarero. Un camarero formado y profesional, que se dedica al oficio de hacer feliz al cliente, siendo un facilitador que intenta, en la medida de lo posible, crear experiencias memorables. Esta actitud la he ido aplicando a todos los aspectos de mi vida: familia, amigos, trabajo… Y, la verdad, es que no me ha ido mal durante todo este tiempo.

Y claro, cuando uno lee noticias como la que este verano publicaron algunos medios con el título “España, camino de convertirse en un país de camareros”, me llama la atención por el tono despectivo que se usa, como si ser camarero fuera ser un trabajador de segunda división…. ¿Tan denigrante es decir que somos un país de camareros?

Sin hacer mucha sangre sobre el contenido de la noticia, me recuerda que este es un tema que lleva muchos años en danza por diversos portales de Internet, y que cada cierto tiempo vuelve a aparecer en los medios y la gente comienza a escandalizarse.

Hagamos un ejercicio de reflexión: la hostelería de nuestro país da de comer, nunca mejor dicho, a 1,5 millones de trabajadores (la tercera actividad con más trabajadores por detrás del comercio y las manufacturas), representa el 8,5% del empleo en España y el crecimiento del sector hostelero no hace más que mejorar sus números respecto a años anteriores.

Estos datos refrendan, por un lado, el gran trabajo que hemos estado desarrollando durante los últimos años en materia turística, y, por otro, el éxito de un sector que se ha convertido en salvavidas de nuestra economía.

España, un país de camareros

La profesión de camarero es una de las más sacrificadas y también de las más motivadoras del sector, en las que más posibilidades de movilidad y promoción existe y en la que algunos locos, a los que prefiero llamar gastro-pirados, (sabiendo que los sueldos no son los que deberían ser), eligen la sala como su campo de juego profesional.

Profesionales de la hospitalidad, que viven por y para el cliente, que mejoran su formación entre turnos, que le “roban” tiempo a sus familias y amigos trabajando los días en los que el resto descansa, que deciden hacer stages (o dicho de otro modo, de irse a trabajar gratis a otros restaurantes) para conseguir más experiencia, que aprenden idiomas y de vinos, mejorando habilidades y técnicas de venta… y todo ello con un único objetivo: crecer y ser mejores en su puesto de trabajo.

El desprestigio que se le pretende atribuir la profesión de camarero está absolutamente injustificado y sólo contribuye a restar valor a una de las profesiones que más satisfacción profesional puede generar a un trabajador.

Es posible que algunos malos empresarios hosteleros contraten “transporta-platos” en lugar de camareros, que se realicen prácticas ilegales en el ámbito laboral y se ridiculice la profesión (Pesadilla en la Cocina nos muestra muchas malas prácticas). Y es posible que, entre todos los actores con potestad para ello, se dejara de lado la formación, por coste o por tiempo, provocando una pérdida de calidad en el servicio que ahora nos está costando recuperar.

Es necesario empezar a ver con buenos ojos esta profesión

Se necesita formación, mucha formación, y mal vamos si pensamos que en un negocio de hostelería cualquiera puede ser camarero. Entre una gran mayoría se ha subestimado el incalculable valor añadido de un buen servicio de sala y este es uno de los principales motivos por los que un restaurante termina echando el cierre.

En definitiva, hay que mimar a la industria hostelera en España, somos una potencia turística y los profesionales que trabajan en ella, camareros incluidos, nos permite mejorar cada año nuestra economía.

Es necesario empezar a ver con buenos ojos esta profesión. Otros sectores no pueden o no saben cómo hacerlo, pero nosotros sí; debemos creérnoslo y apostar por ello. Nos guste o no, somos un país de servicios, por lo que debemos ser consecuentes y centrarnos en lo que nos da de comer ahora y nos dará en el futuro.

Cada crisis económica se lleva un par de sectores por delante, pero el turismo y la restauración se mantienen fuertes y en constante crecimiento. Todo esto merece una buena reflexión… #YoSoyCamarero

Somos un país de camareros… y a mucha honra
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Sobre el autor

Óscar Carrión

Soy un tipo con suerte al que la vida le ha dado mucho más de lo que esperaba. Imparto clases en el Instituto Universitario de Investigaciones Turísticas. Soy Director del Máster en Dirección de Restaurantes y F&B Hotelero de la Universidad de Alicante.

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7 comentarios

  1. EN ESPAÑA NO FALTA PROFESIONALIZACIÓN DE LA PROFESIÓN SINO EDUCACIÓN PARA QUE EL PUBLICO RESPETE, VALORE Y RECONOZCA LA LABOR DE UN BUEN CAMARERO SERVICIAL Y PROFESIONAL.
    Trabajo como camarera en uno de los mejores restaurantes de Altea, tengo la gran suerte de que mis clientes en un 90 % son extranjeros de un nivel adquisitivo alto. Ellos me tratan con un respeto, me agradecen por mi buen servicio y me hacen sentir muy valorada por ser tan simpática y servicial. Los españoles que vienen durante el año generalmente también pero cuando llega el verano y vienen los españoles turistas guiados pro el tripadvisor y te tratan como lo hacen con esa falta de clase, con exigencias y sin conocimientos ( somos un restaurante francés y nos preguntan si hacemos paellas y pizzas para que se den una idea). Realmente demuestra que en España no haya camareros profesionales sino falta de educación, respeto y empatía por parte del público que no solo no valora que estamos siendo amables durante mas de 9 horas y hasta 13 horas en muchos ocasiones, a muchísimos clientes día a día, mientras ellos están de vacaciones, festivos y navidades con sus familias y amistades mientras nosotros debemos dejarlos para darles un buen servicio.
    En cuanto a que algunos empresarios contratan transporta- platos en vez de un buen camarero porque le saldría mas caro es porque no todos se han puesto a observar ( o no hay estudios e informes del tema) que donde hay un buen camarero hay mas fidelización y satisfacción de los clientes y también un aumento en los ingresos de caja.

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